Granada Games v.12.1 – Nivel 3: más aventurillas en Madrid. ¡Mi cocheeeee!

Granada Games v.12.1 – Nivel 3: más aventurillas en Madrid. ¡Mi cocheeeee!

Y dejamos Granada con todo el dolor de nuestro corazón. No se qué tiene esa tierra que llega tan hondo, no se qué tiene que no te deja olvidarla… Ala, el cartel de cambio de provincia, ya estamos en Jaén.

Íbamos justas de tiempo pero mi amiga podría coger el autobús Madrid-Valencia. De pronto, obras, a reducir la marcha durante un buen rato. A medida que íbamos acercándonos a Madrid se iba haciendo más difícil que llegásemos a tiempo a la estación de autobuses. Decidimos coger la autopista y pagar el peaje para ahorrarnos tiempo pero aún así no sabíamos si llegaríamos a tiempo. Cuando ya estabamos a punto de llegar y paramos en el primer semáforo a la entrada de Madrid, empezamos a ver que salía humo blanco ¡del capó de mi coche! O_o Mi coche, ¿qué le pasaba a mi niño? La temperatura era normal, así que no era calentamiento. ¡Madre mía! Que yo tenía que seguir viaje a Burgos. Llegamos a la puerta de la estación de autobuses con el coche echando humo y se acercaron unos cuantos taxistas. Mi amiga entro corriendo a ver si cogía el bus.

Abrí el capó y todos empezaron a dar su opinión, “eso es del radiador”, ” no creo, la temperatura es normal” les dije; “parece una fuga, está goteando algo, igual aceite”, “huele a gasoil”, “será un manguito”… Uno incluso intentó abrir la tapa del agua, “NOOOOO, que te puedes achicharrar, que lo acabo de parar”, un novato. Uno de los taxistas me indico un taller que estaba a menos de un kilómetro de allí y que si era un manguito igual me lo podían arreglar.

Mi amiga había perdido el autobús y no había podido cambiar el billete, los dos siguientes iban llenos, podía acercarse a las 21:30 o a las 23:30 a ver si quedaba alguna plaza libre. Montamos en el coche y sin forzarlo mucho a mi pobrecito nos fuimos las dos al taller que me había dicho el taxista pero no podían hacer nada, solo arreglaban los sistemas de gas. Llamé a mi seguro para que viniese la grúa y me mandasen a un taller pero ¿a qué taller? si no conozco ninguno en Madrid. Así que preguntamos allí mismo si conocían alguno de los de la lista que me dieron los del seguro  pero uno de los mecánicos nos mandó a otro taller distinto que, según él, era de confianza y podía tener el coche listo al día siguiente. Fue muy amable, se portó genial, incluso llamó al taller para que nos cogiera el coche a esas horas, ya era tarde. Les dimos mil y una gracias antes de irnos cuando vino la grúa a recogernos. Nos llevó a Talleres JJ en la calle Ramón Calabuig.  Le dije al jefe que le pasaba al coche, lo de humo, el olor a gasoil, la pérdida de combustible por un lado del motor,… Le echó un vistazo y me dijo que era la junta del inyector. Y sí, me lo podría tener arreglado para el día siguiente, ¡genial!  Así que cogimos las maletas y fuimos en busca de la parada del metro para llegar a la estación de autobuses a ver si mi amiga tenía plaza en el bus siguiente y a preguntar por un alojamiento barato que no estuviera lejos para mi.

Una vez en la estación no había plaza en el bus y mientras mi amiga se informaba de los billetes para el día siguiente (había decidido quedarse conmigo, para no dejarme sola), yo hacía lo propio con el alojamiento. En información me dijeron que no muy lejos por la calle Méndez Álvaro hacia Atocha encontraríamos unos hostales. Una vez informadas y maletas en mano, allá que nos fuimos y nos encontramos con el mismo taxista que nos había recomendado el primer taller. Nos preguntó que como habíamos quedado, se lo contamos y nos recomendó unos hostales y hoteles no muy caros llegando a Atocha, muy majo el hombre. Decidimos ir andando pero cuando empezamos a subir calle arriba, sin encontrar los hostales, con el cansancio ya pesando, pensamos en el metro, sobre todo cuando el primer hostal que vimos fue al llegar justo a la estación de Atocha. Menos mal que nos lo tomamos con humor, aventurillas en Madrid, que es como el Triángulo de las Bermudas, una vez entras es casi imposible salir. :-P

Tras preguntar en un hostal muy cutre, encontramos otro, el Hostal Alegría, solo por la recepción que nos hicieron ya merecía la pena quedarse. Las habitaciones estupendas, grandes, limpias. La única pega, los vecinos que nos tocaron, que, sin exagerar, se tiraron dos horas con el grifo de la bañera abierto. Salimos a cenar a una sidrería asturiana muy cerca del hostal y, aunque típico de Asturias solo comimos choricillos a la sidra, estaba todo buenísimo, tanto que al día siguiente repetimos para comer. Allí nos hicimos la foto para el recuerdo de esta fase del viaje, pero no es para enseñarla. Y a la cama que había que levantarse pronto porque, ¿sabéis qué? ¡Teníamos que renovar el paro! Las dos, habíamos coincidido hasta en el día de la renovación, ella en Valencia y yo en Burgos, toma ya.

Al día siguiente nos levantamos prontito y pensamos en tramitar la renovación vía internet, ahora hay oficinas virtuales que te permiten hacerlo, pero mi amiga ni llevaba los códigos así que nos toco llamar a otra amiga y enviarla a su casa a que buscase el papel con el código. Mientras yo intenté renovar por internet pero ¡me daba error! Qué estrés, escuatro y escinco. Llamamos a la oficina de empleo y le dijeron que PODÍAMOS RENOVAR LA DEMANDA DE EMPLEO EN CUALQUIER OFICINA DE ESPAÑA, os lo pongo en negrita y mayúsculas porque esta información es oro, por si os pasa cualquier cosa y no podéis acudir a vuestra oficina por un motivo de peso, que sepáis que podéis hacerlo si por internet tenéis algún problema como nos pasó a nosotras. Buscamos la oficina más cercana por internet y allá que nos fuimos a renovar. Podemos decir que hemos hecho turismo hasta de oficinas de empleo, jajajaja.

Después de comer por la zona de Atocha, en la sidrería, cogimos las maletas y nos fuimos hacia la estación de autobuses, a comprar el billete de bus para mi amiga. Íbamos andando y se nos acercó un taxi. Y, ¿quien era? Nuestro amigo el taxista, Antonio. Nos acercó hasta la estación sin cobrarnos la carrera ni nada. Por supuesto, le invitamos a un café, y estuvimos hablando con él un buen rato.

Mi amiga compró el billete de las 17:00 y yo llame al taller porque Antonio me dijo que si no les metías prisa se lo tomaban con calma (algunos taxistas llevan sus taxis allí). Me dijeron que lo tendrían sobre las 18:00. Y nos quedamos en la estación hasta que salió el bus de mi amiga con destino a Valencia. Triste despedida, :-( . Hacía mucho que no nos íbamos de viaje juntas y nos lo pasábamos tan bien, a pesar de las adversidades fue un viaje genial.

Enseguida me llamaron del taller y fui a por mi coche. Pagué. Me costó un poco menos de lo que me esperaba pero fue un palo, sobre todo porque cuando estaba encaminada hacia Burgos noté que el coche no funcionaba correctamente y no tenía potencia y temblaba muchísimo. Además, mi coche salió del taller con una raja en la luna delantera. ¿La llevaba ya? ¿Se la hicieron allí? No lo se pero salí muy cabreada. ¡MENUDA CHAPUZA DE REPARACIÓN!

Quedaba el resto del viaje de vuelta, nivel 4, terror psicológico.